La tasa de inflación española, que en septiembre llegó a un pico del 4,9%, ha superado la media de la zona euro durante los últimos tres años de manera casi ininterrumpida. Este diferencial es desfavorable en casi todos los grandes componentes del Índice de Precios al Consumidor (IPC): energía, alimentos y servicios.
Según el Banco de España, el diferencial en los precios de los productos energéticos se debe principalmente a la rapidez con la que las variaciones de precios del gas en los mercados internacionales se trasladan a los precios al consumo de la electricidad, tanto en momentos de subida como de bajada.
Además, las tasas de inflación energética entre diferentes países no son comparables, debido a las diferencias en la aplicación y en los calendarios de introducción y retirada de rebajas fiscales a los combustibles.
Presiones inflacionistas en servicios y alimentos
Más relevante es el diferencial en los servicios, donde se concentran de forma persistente las presiones inflacionistas en nuestro país. Esto se debe a un claro componente de demanda, impulsado por el crecimiento económico, demográfico y el auge del turismo postpandemia, junto con restricciones de oferta por la escasez de mano de obra.
Un ejemplo de esto es el sector de la hostelería, donde el aumento de los márgenes empresariales ha superado el promedio de la economía, según datos del observatorio de márgenes empresariales de la Agencia Tributaria.
En cuanto a los alimentos, la situación es más compleja, aunque también puede haber un componente de aumento de márgenes. Todo esto podría llevar a un incremento generalizado de los salarios en la economía, superando el crecimiento de otros países, lo que podría resultar en una pérdida de competitividad en sectores con competencia internacional.
Posibles soluciones a la inflación
Para afrontar esta situación, la política económica podría adoptar un enfoque más restrictivo. La política monetaria está determinada por el Banco Central Europeo, que actúa en función de las circunstancias generales de la eurozona. Sin embargo, la política fiscal podría ser más restrictiva para contrarrestar la presión de la demanda, lo cual sería beneficioso para la sostenibilidad de las cuentas públicas.
Otra opción sería actuar desde el lado de la oferta, suavizando los cuellos de botella y favoreciendo la competencia en el sector de servicios mediante la reducción de barreras regulatorias y la incorporación al mercado laboral de mano de obra inactiva.
Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.